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Los límites de la amabilidad

Shimon Peres fue protagonista de la política israelí durante seis décadas. Ocupó los cargos de primer ministro y presidente y le dio tiempo a ir a Oslo a recoger el Nobel de la Paz por sus esfuerzos por sellar un acuerdo con los palestinos. Acaba de morir a los 93 años, dejando a Israel sin el último de sus padres fundadores.

Es cierto que con la partida de Shimon Peres se esfuma la faz más diplomática del Israel de nuestros días. El anciano político estaba a favor de los dos Estados y apostó por ceder territorios a cambio de paz. Es de ley reconocer sus aciertos en la intentos de acordar una paz definitiva con los palestinos, sin embargo, hay momentos en los que la amabilidad se queda corta si no la habita también generosidad y valentía para crear bases sólidas de entendimiento. El líder laborista fue la cara amable, pero quizás hacia falta algo más que amabilidad para reconducir una reciente historia, en alguna medida, fallida.
En contextos convulsos a veces no basta la amabilidad. Es preciso fuerza, coraje para sentir como el otro, para vivir su sufrimiento como propio, para dar satisfacción a sus legítimas aspiraciones. Fundaron nación, pero dejaron demasiados huérfanos al otro lado de los muros y las fronteras. Una nación no se puede erigir a costa del dolor ajeno. Un sueño propio no puede ser a costa deshacer otros. ¿Alcanzaron a comprender tan elemental principio los padres de la patria de Israel?

Una aspiración noble como aquella de 1948 se marchita si no alcanza a sus valedores el sufrimiento de otras madres y otros niños. Aquella Tierra Santa no estaba sólo prometida para los hijos de David. La “aliyá” (retorno, migración) a la Tierra de Israel (“Eretz Yisrael”) pudo haber sido una de las recientes epopeyas de la historia, de haber logrado la sana convivencia con quienes allí ya habitaban. No podemos juzgar, menos aún desde distancia física, simplemente pensamos que pudo haber sido de otra forma. Evidentemente con mucho menos terreno conquistado, con una geografía más reducida, pero con mucha más paz y menos lastre de conciencia.

Había muchos mimbres para levantar una nueva nación, sin embargo el mismo día de la fundación del Estado de Israel los jóvenes judíos hacían petate para ir a la batalla. Sobraba capital humano, entusiasmo y creatividad, ¿pero cuánto de ello no se invirtió en nuevas campañas bélicas, en ganar terreno de forma ilícita? ¿Cuántas veces la tan clamada seguridad no fue excusa de ilegítimas conquistas? Es cierto que los vecinos no lo pusieron fácil, ¿pero cuántas veces pesó la ley del más fuerte? Es cierto que las naciones árabes desde el principio trataron de echarlos al “Mare nostrum” del que vinieron, ¿pero no colocaron los padres de la patria también demasiado lejos aquellas “fronteras seguras”?

Quisiéramos estar glosando ahora el testimonio de un hombre que hizo historia de la grande. Historias de las pequeñitas, de quienes sólo se ofrecen a los suyos, a sus exclusivas patrias chicas, ya tenemos algunas. Fueron fuertes en el empeño, hicieron épica de la buena al crear civilización en la arena, al levantar sobre ésta futuro y prosperidad, pero seguramente les faltó generosidad en esa victoria a tantas bandas. ¿Será pedir demasiado a la historia, a sus protagonistas, a los pueblos valientes, a quienes del puro desierto y de la nada dieron vida a una formidable nación?

Israel trajo libertades, derechos humanos, y democracia a donde reinaba la ley de la tribu. Creo un oasis de modernidad en mitad de la edad media. Faltó poco para coronar la hazaña. Solo les restó romper en algún momento, en algún punto esa espiral de violencia. Sobraron conquistas de lo que no les pertenecía, sobraron muros de la vergüenza, asentamientos donde estaban los limoneros, el hogar y el legado de sus hermanos palestinos…
¿Qué felicidad puede alcanzar el "pueblo elegido" armado hasta los dientes"?¿Por cuántas generaciones cargarán las mujeres jóvenes de Israel, casi adolescentes, con esos pesados trabucos de guerra? Hacia falta algo más que la amabilidad de este último padre de la patria para liberar a los futuros jóvenes de tan pesada carga, de tan controvertida herencia.

Arteixo 29 de Septiembre de 2016
http://www.artegoxo.org

 
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