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También en nuestros altares.

No me preocupa especialmente ese trasiego de que quienes suben o bajan de los altares. Cada quien tiene sus retablos, sus cielos. Cuida de ellos con particular afán. Cada quien sabe sobre qué testimonio llover sus pétalos, a los pies de qué mayúsculo ejemplo colocar sus inciensos. Cada quien sabe qué recuerdo perfumar. La Iglesia también tiene sus propios y monumentales altares y eso es digno de gran respeto, comulguemos o no con su elenco de almas escogidas. Quienes, cruz en pecho, dieron su vida por los superiores valores de libertad y la justicia en aquella guerra fratricida nunca conquistaron hueco en el santuario vaticano, sí por el contrario muchos del lado de quienes creyeron haber “vencido”. Pero también eso es preciso respetar.

Los baremos del otro han de ser tan dignos de respeto como los nuestros. Quizás no procedía dar la mano a los dictadores manchados de tanta sangre, quizás su particular moralidad pueda ser objeto de debate. Se puede comulgar o no con sus criterios de asistencia sanitaria..., pero lo que nadie podrá poner en duda es su entrega absoluta, rotunda. Seguramente ése es un criterio ampliamente compartido a la hora de otorgar puntos de ascenso a una gloria consensuada.

En el día de hoy, al igual que toda la comunidad católica, que el entrañable Papa Francisco, nosotros también perfumamos el recuerdo de la Madre Teresa de Calcuta. Hemos estado en sus "cuarteles" de Madrid, Calcuta y Adís Abeba. Hemos acudido a establecimientos en los que el fuerte olor apenas nos permitía permanecer allí unos minutos, cuando las hermanas permanecen ahí toda su vida. Fuimos a hacer el payaso a orfanatos en los que nuestras voces quedaban ahogadas por el ruido infernal de los coches de la calle… A lo largo de mis días cuando mi fuerza y mi fe flojeaban, sólo tenía que visualizar a dos hermanas avanzando juntas con su impoluto shari blanco, con su rosario en ristre por un paisaje de desolación. Su testimonio sin par generoso, ejemplarizante siempre me ha acompañado.
Así pues nosotros también perfumamos esa memoria, ese nuevo altar católico recién inaugurado. También llovemos nuestros pétalos sobre esa santa que se entregó por entero a los últimos de entre los últimos. Recién hoy pone, con sobrado merecimiento, su pie en los altares de Roma, en el sagrario de nuestros corazones.

http://www.Artegoxo.org
A Coruña 4 de Septiembre de 2016

 
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