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“Sonreíd que vamos a vencer”

La sentencia esperanzada siempre nos devolvía a una segunda juventud. Cada vez que leía la frase algo en mi interior se despertaba. Bien es verdad que la, tan recurrida como desfasada batalla, ahora se reciclaba. La figura del enemigo comenzaba felizmente a desdibujarse y la mira artillera a tornarse más y más hacia uno mismo. Necesitamos victorias amables, sin restos de plomo. Despierte la sonrisa con otra suerte de victoria más permanente. Vamos creciendo y la auténtica batalla se va convirtiendo en más íntima. La verdadera batalla toma su centro, el verdadero desafío de hacer aflorar en nuestro interior más compasión y comprensión, hasta que llegue el momento de que no quede ya ningún enemigo fuera. Ya no vencemos sobre nadie, cada vez más la victoria es un retirar adversarios de nuestro campo de batalla, en todos los órdenes, en todos los ámbitos. ¿Y si la victoria en realidad fuera un expirar de la ira, un agotamiento del rencor, una la desaparición de todo contrincante? ¿Y si el vencer fuera sobre nosotros mismos y nuestra dificultad de abrazar al otro que nos ha herido, que nos agredido? Siempre he pensado que ésa es la victoria más difícil, por ello me consta que es la verdadera. Ahítos de la batalla ahí fuera, comenzamos a comprender que la verdadera batalla era la de intentar amar cada vez más impersonal, más universalmente. Aspiramos por lo tanto a no ser beligerantes contra nadie. Esa creciente merma de adversarios no implica sin embargo merma en la firmeza en la defensa de principios y valores.

La frase aúna convencimiento, esperanza y toneladas de fe. Por eso no somos ajenos al escalofrío cada vez que se pronuncia, cada vez que él la pronunciaba muros carcelarios adentro. “Egin iribarre, irabazi egingo dugu eta” ("Sonreír que vamos a vencer"). La sentencia unida a su carisma y resistencia ha mantenido en vela, en alerta a toda su militancia. Quien ha acuñado esa frase, jamás debía haber pisado la cárcel, simplemente porque es de las personas que más ha hecho por la paz en el País Vasco. En España vivimos anacronismos que no acontecen en toda Europa. En España todavía se encarcela por opinión. Cuando las armas estaban aún calientes, Arnaldo Otegi y sus más allegados, comenzaron su itinerario para convencer uno a uno a los violentos de que era ya hora de dejar la lucha armada. Uno a uno y a lo largo de años fueron ganando para la paz a los corazones tomados por la rebeldía violenta. Pocos desconocen su enorme e incuestionable contribución a que ETA dejará de matar. El dirigente abertzale no tiene delito de sangre alguno y sin embargo ha permanecido en prisión desde el año 2011. Se le acusaba de intentar recomponer la antigua Batasuna a iniciativa de ETA.
Luchamos también para que no nos gane el rencor ante tamaña injusticia, en ello estamos. Sin embargo no nos lo ponen nada fácil. El 1 de Marzo el candidato a lehendakari saldrá finalmente a la calle, sin embargo la caverna política ya urde para que no se pueda presentar a las próximas elecciones en nombre de la izquierda abertzale y ya quieren prohibir también los homenajes programados en Donostia y Elgoibar a su salida de la cárcel.

Hemos de señalar que ideológicamente poco tenemos que ver con Arnaldo. No creemos en nuevas fronteras y además la izquierda abertzale tiene el deber ético ante la comunidad vasca y la comunidad de España de pedir sincera y nítidamente perdón por la complicidad con la brutal violencia etarra durante muchos años. Pero con la misma firmeza que pedimos a la esfera independentista ese imprescindible mea culpa, pedimos al Partido Popular que abandone de una vez por todas su política de tan poco noble revancha. Otegi jamás debió haber sido encerrado en la sombra, pero ahora por lo menos que permitan los homenajes, que le dejen figura en las farolas y grandes paneles de las próximas elecciones vascas.

ETA desaparezca para siempre y el Partido Popular cese en tan vengativa política penitenciaria. Los dirigentes políticos son al fin y al cabo recordados cuando son capaces de elevar el sentimiento de las masas hacia unas cuotas de mayor generosidad y nobleza, cuando trabajan por la reconciliación, no cuando tratan, a toda costa, de perpetuar esa antigua y caduca confrontación.

Artaza 23 de Febrero de 2016
http://www.Artegoxo.org

 
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