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Saber perder

Sobre la alternancia política en Venezuela y Argentina  

Las derrotas nos miden, nos fortalecen. La vida no son sólo crestas, son valles y cimas. Sabio es el que conoce las leyes y a ellas sirve y de ellas se sirve. Sabio es el que conoce la ley del ritmo o alternancia; sabe de los ciclos, de las olas que vienen y van; sabe de la ley de la polaridad, de la necesidad de buscar el punto de equilibrio entre los extremos que por doquier se manifiestan. Sabio el que viste sonrisa ante la victoria, pero tampoco la apaga ante la derrota. Los días dulces se disfrutan tras otros más difíciles y aciagos. Sabio el que sabe que no existe la mala suerte y que la caída o la derrota estaban ya en el mapa de su propio peregrinar.

Felicitar por la victoria al ganador enaltece al perdedor. Es la aceptación de la derrota la que nos proporciona condición moral para un día, si se dan las circunstancias, si se brinda la oportunidad, si en verdad lo merecemos, volver a ganar. En la derrota madura el humano, se testa su capacidad de reponerse ante la adversidad. Somos graduados en esa adversidad más que entre los laureles.

Sólo si sabemos perder podremos un día ganar. En lo que se refiere al poder, hemos de ser, si cabe, más exigentes. Saber perder es el mínimo suelo ético exigible a un mandatario. Las pataletas no son propias de ninguna arena, pero menos de la política. Flaco favor hacen a sus pueblos los dirigentes que no se retiran con cordialidad y agradecimiento, aquellos que se agarran al poder, aunque las urnas les hayan apeado. El mejor dirigente es el que encarna ejemplo de ética y honorabilidad ante la ciudadanía, el que da la bienvenida al relevo, no el que se enfurece o altera cuando no soplan vientos bonancibles.

Flaco ejemplo el de Cristina Fernández de Kirchner ante los argentinos, flaco favor el de Nicolás Maduro ante los venezolanos, al faltar a sus victoriosos adversarios, al demostrar tan poco arte en el perder. Flaco obsequio al dejar tan lamentable herencia de un pueblo confrontado. El mandatario chavista llama al “rearme revolucionario”, pero no sé con qué se va rearmar ese revolucionario, si se desnuda de la elemental humanidad.

En el lado opuesto del espectro político, a este lado de las aguas ¿cuántos y cuán afilados dardos no ha recibido desde España la señora que gobierna en Alemania? Pero llegó la hora de la verdad, llegaron las oleadas de hermanos refugiados a las puertas del país y ella se jugó el tipo. Se jugó su puesto en el gobierno, se la jugó en su propio partido por abrir esas puertas. Encontró una tozuda oposición, pero ella no cedió. Dicen que esa señora es de derechas, pero cada vez nos importan menos los colores. Ante los tristes espectáculos de esa izquierda latinoamericana, uno ya no está en ninguna parte, mejor dicho está en todas donde haya un mínimo de humanidad. Vamos dejando atrás las ideologías, cada vez nos dicen menos. Vamos abrazando valores y a quienes los encarnan.

Los valores nunca fallan, son. Están ahí, al alcance de cualquiera. No exigen pedigrí, ni curriculum, ni siquiera cuota mensual. No demandan corbata, ni tampoco pañuelo palestino al cuello. Los valores de dignidad, nobleza, pureza, servicio, entrega…, están ahí para cuando rompemos el carnet, para cuando nos olvidamos de la afiliación, de lo que fuimos y seremos y nos entregamos al momento, a la valentía de dar lo mejor, lo más generoso de nosotros a favor de un prójimo sin fronteras.

Arteixo 11 de Diciembre de 2015
http://www.artegoxo.org

 
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