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¿Poder popular?


"Poder, poder popular" , era el constante clamor que se elevaba ayer domingo en el polideportivo de Manresa. Era la decisiva asamblea que tenía en sus manos buena parte del futuro de Catalunya. "Procés" hoy a parte, yo también me dejé la garganta por las calles de Donosti gritando consignas semejantes. El pueblo era una suerte de difusa y magnánima entidad que, una vez instalada en el poder, nos llevaría hasta las mismas puertas de la Arcadia. Sin embargo con el curso de los años, de demasiados años, me fui desengañando, observando que quizás había idealizado al tan traído "pueblo", había depositado en él un exceso de confianza.

Resulta que "pueblo" era también el marido que deja con un moratón en el ojo a la vecina cuando vuelve con dos copas de más, pueblo era el camionero impaciente que te saca de la carretera si no vas como una bala, el que insulta al arbitro cuando pierde su equipo, el que tira las colillas cuando termina el cigarro, el que tiene miedo a que los emigrantes le quiten el trabajo… Resulta que igual el pueblo no era tan digno de encomio, quizás tampoco tan malo. El pueblo se estaba haciendo, en realidad todos nos estamos haciendo. En realidad era más importante "hacernos" primero, construirnos, madurar, hacer de nosotros hombres generosos, conscientes y altruistas y después sin prisa, un buen día llamar a las puertas del poder.

Resulta que en aquellos lugares del mundo donde el pueblo había conseguido el poder, se habían hecho auténticas barbaridades. Nuevas élites "proletarias" se habían despachado a gusto en su propio beneficio. Quizás nos habíamos apresurado con eso del "poder popular" Por eso cuando los de la "CUP" gritaba ayer al unísono la consigna, no pude por menos que sonreír ante el televisor. Aún no ha llegado la hora de dar al pueblo directamente el poder, aún resta mucho hasta superar nuestras limitaciones, nuestros apegos, nuestros egoísmos...; aún resta para que el alma, nuestro "yo" más elevado tome las riendas de nuestro Ser. Primero los dueños de nosotros mismos, después los dueños del poder y su destino.

El niño de la imagen algo nos puede hacer reflexionar al respecto. Por muy envalentonado que se manifieste, ¿está en condiciones de asumir las riendas de su futuro? No hay prisa para que el pueblo llegue al poder al final de las "anchas alamedas". Mientras tanto cedámoslo a los que ya hicieron el Camino, a los que y a las que ya se construyeron, a los que se olvidaron de sí y sólo viven por y para el prójimo, por y para el progreso de la humanidad y el bien común.

30 de Noviembre de 2015
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