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No sobran primaveras…

No nos sobran primaveras, menos aún en el Norte de África. Estos días se cuestiona públicamente la primavera árabe. Los terribles naufragios de las últimas semanas en el Mediterráneo azuzan la nostalgia de los dictadores que ya marcharon. Sin embargo por terrible que sea el saldo de centenares de hermanos de color tragados por las aguas, no creo que se debieran cuestionar las libertades alcanzadas. Pasar de un régimen dictatorial, despótico a un régimen constitucional, asumido por el conjunto de la población, comporta su cuota de dolor ineludible. Olvidamos que estamos en una fase en la que el humano aún evoluciona espoleado más por el sufrimiento, que por una conciencia libremente asumida.

El orden sostenido a fuerza de terror tiene que dar paso a un orden sostenido por el conjunto de las voluntades ciudadanas. Ese proceso nunca es sencillo. Las conquistas de libertades y de progresos sociales nunca lo fueron hasta el presente sin su correspondiente peaje. Glosamos las revoluciones, pero obviamos en muchas ocasiones el componente violento que cada una de ellas acarrearon. Podemos considerar a la Revolución francesa como la madre de todas las revoluciones en pro de las libertades. La evocamos con gloria y grandeza y enseguida pensamos en la Libertad guiando al pueblo, en la pintura de Eugène Delacroix. Olvidamos más fácilmente el reguero de sangre imparable que siguió a la toma de la Bastida.

La evolución humana no daba para más. No fue posible conquistar libertades sin que se desatará las terribles emociones contenidas. La gran transformación social que primero fue en Francia, lo sería después en cada uno de los países europeos cuyos pueblos de resolvieron a vivir en libertad; lo ha sido también en los países de la costa sur del Mediterráneo con un retraso de más de un siglo. El Norte de África tenía también sus revoluciones pendientes. Si en Túnez ha triunfado la Primavera, acabará triunfando también en el resto de países. El bien progresa y las personas de buena voluntad irán poco a poco tomando los resortes del poder en Libia, en Egipto... ¿Quién sabe cuándo también en Siria?

Yo no echaría la culpa a la primavera. El humano nunca deberá renunciar a vivir en libertad. No le sobran primaveras, por más que en el caso que ahora nos ocupa, el factor del fundamentalismo islámico desbarate los procesos. Evidentemente no hay ningún progreso en sustituir el terror de Gadafi por el del Estado Islámico, pero las fuerzas de la libertad y la buena voluntad no han perdido aún la partida ni en Libia, ni en Egipto, ni en Siria...

Al cuestionarse las primaveras se cuestiona también el apoyo occidental al florecer de esas primaveras. Se podrá dudar de la eficacia de ese apoyo, pero no entiendo justo dudar de su motivación. El apoyo de la OTAN a los insurgentes rebeldes en Libia que culminó en la derrota de Gadafi no es la causa directa de los naufragios en el Mediterráneo. En Siria no ha habido intervención occidental y los sirios sin embargo llenan esas barcazas de la muerte. ¿Quién por lo demás no respiró aliviado cuando la OTAN contribuyó en Marzo del 2011 al fin del feroz asedio que las fuerzas de Gadafi ejercían sobre la ciudad libre de Bengasi? Cada pueblo ha de conquistar sus libertades, pero los aviones de Francia, EEUU e Inglaterra despegaron y atacaron entonces la artillería de Gadafi por razones principalmente humanitarias.

Europa está siendo medida ahora quizás como nunca en su nivel de generosidad y de acogida. El viejo continente por fin unido pasa por una de sus pruebas más decisivas, pero Europa al ayudar en su momento al florecimiento de la primavera árabe no se convirtió en responsable de ese millar de hermanos que en los últimos días se han ahogado en el Mar que fuera de la civilización. Brazos abiertos en acogida, sobre todo para esa cantidad de refugiados que huyen de las guerras de Libia y Siria, pero alerta también de sobrecarga de responsabilidades pretéritas.

No sobran primaveras. Por supuesto no sobran las que amanecieron sin sangre, pero habrá que preservar incluso las que salieron y están saliendo bien caras. El avance del humano hacia un mañana de sólida paz, plenas libertades y respeto a derechos humanos pueda realizarse por un progreso de la conciencia en la mente de los humanos. Todo este sufrimiento que aqueja a las naciones árabes hermanas traiga, más pronto que tarde, su debida recompensa en el florecer de esa contagiosa y definitiva primavera.

Arteixo 22 de Abril de 2015
http://www.artegoxo.org

 
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