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Caminar los sueños

Nuevo artículo sobre “Podemos”  
¿Por dónde empezaremos las revoluciones del mañana? Parece que la gestación de futuras transformaciones pasa por una democracia más directa y participativa, menos delegada, no sólo electiva. En es reto de mayor empoderamiento social, el círculo de iguales, la asamblea parecen tomar un lugar preponderante. Sin embargo prima preguntarnos si estamos preparados para ello. La asamblea puede devenir esperanza o infierno. Esperanza si la conforman hombres y mujeres conscientes, verdaderamente entregados a una causa mayor, mermados de orgullo y afán protagónico. Infierno en el caso contrario. Devendrán además estériles si todos los errores continúan estando siempre fuera.

¿Por dónde empezaremos las revoluciones del mañana? Por nosotros y nosotras mismas, absolutamente persuadidos de que lo hermoso, lo noble, lo solidario sólo será en grande, cuando haya medrado en pequeño; sólo será afuera cuando haya brotado con fuerza dentro. Primero revolución en el asfalto más íntimo, después ya llegará Sol, y los soles de los pueblos y ciudades. Convulsas primeras asambleas hicieron presagiar un fracaso de “Podemos”, pero felizmente no fue así. Se tomó debida nota de los errores y se trataron de enmendar. Es natural que haya turbulencias cuando se está pariendo algo nuevo, algo jamás probado. Lo fácil es seguir la consigna que viene desde un lejano “comité ejecutivo”. El ensayo merece, cuanto menos, su voto de confianza.

Hay una nueva conciencia de autoempoderamiento. Hay unas nuevas tecnologías que posibilitan la vertebración orgánica, la articulación de decisiones en el seno de una formación abierta, a partir de un anhelo y voluntad de plena participación. El progreso humano pasa por una democracia más directa en la que se impliquen hombres y mujeres dispuestos a olvidarse de su ego personal y a volcarse en el beneficio colectivo. No saldrán por lo tanto de estos dedos palabras de crítica hacia la formación que lidera Pablo Iglesias, todo lo contrario. El caso es que en muchos pueblos y ciudades de España las auténticas fuerzas del cambio y de la esperanza se han reencontrado y reunificado al grito de “¡Podemos!”. Reconstruir es mucho más difícil que denunciar o criticar, pero ellos ya están construyendo desde el instante en que se asignan un sueldo cuatro veces menor que el que les correspondería como eurodiputados, o desde que deciden viajar en clase turista y no en business; desde el momento en que, pese a todas las dificultades que el proceso encarna, no renuncian a la democracia directa…

Nuestro deber es aventar toda esperanza por pequeña que sea, al tiempo que subrayar la importancia de un liderazgo integro y la necesidad de superar el paradigma de la confrontación humana. El camino no va a ser fácil, pero yerran quienes, por uno y otro lado, bombardean el proyecto político de los profesores de la Complutense. Dejemos a Bolívar en paz. No viene a cuento mentar virtuales simpatías de “Podemos” con Venezuela. Líderes que ayer fueron indiscutible progreso para esta nación, hoy son claro freno cuando enjuician sin piedad, ni objetividad, la nueva formación. Ocurre cuando el ego se resiste a que otros tomen relevo. Por lo demás en “Podemos” no hay caudillo, ni pueblo obediente. Desde la propia formación se sugiere la superación del esquema de derechas e izquierdas.

Sabemos soñar, pero nos cuesta más poner a caminar los sueños. Suspiramos por la revolución, ¿pero acertamos a caminarla? “El mejor escritor latinoamericano de hoy, el más libre, el más agudo, recorre la selva con un pasamontañas en el rostro”, dijo en marzo de 1995 el pensador francés Régis Debray, pero los versos del icono zapatista no terminaban de salir de las cuartillas humedecidas de selva. Su poesía encarnada no terminaba de alcanzar el mundo, se limitaba a unas aldeas.

“Si la incongruencia es la ruta al poder, preferimos fracasar que triunfar”, ha declarado el ya ex-subcomandante Marcos en su último y reciente comunicado. La revolución de los fusiles de madera se encuentra atrapada en la selva, entre mangos y papayas. Su líder legendario se quita la capucha sin terminar de atrapar las objetivos. Atreverse a soñar es también osar a observar que las revoluciones no pueden arrancar sólo con consignas, que una sociedad nueva tiene que ser sustentada por hombres y mujeres nuevos, portadores en sí de esos ideales.

Seguramente al igual que el poeta-guerrillero, nosotros preferimos también triunfar, pero conscientes de que en ese triunfo nos dejaremos la piel, nos dejaremos a nosotros mismos por el camino. No basta soñar, hay que levantar y construir. Todos somos un poco poetas, pero no basta con la poesía, con los pasamontañas, con los fusiles de madera… La revolución pendiente necesita hombres y mujeres rehechos en lo más profundo de sus propias selvas. El Sol lanza toda su fuerza y su luz sobre ese humus imprescindible.

17 de Junio de 2014
www.Artegoxo.org

 
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